Asociación Cultural "La Anduela"

Golf

 

 

Ni a los más antiguos del lugar se les podría parar por la imaginación que unos parajes como el Palancar y la Mata estuvieran ahora tan concurridos.
El Palancar lugar donde tantos habitantes de Matamala han trabajado para la recolección de cebada, centeno y trigo, las eras donde a base de mucho esfuerzo se iban haciendo las hacinas a través del acarreo de los haces procedentes de las tierras de labor que con las yuntas de vacas y el carro con sus palones se traían a las eras; después la trilla, vueltas y vueltas con las yuntas hasta que la parva quebraba, luego esperar a que hiciera aire para poder “alimpiar”, separar el grano de la paja, después recoger grano y paja, llevarlo a casa y barrer la era.
La Mata, tierras del Ayuntamiento que cada año arrendaba a los vecinos del pueblo para cultivarlas; éstos las araban, las sembraban y recogían buenas cosechas para llevar a las eras, una vez recogidas, aquí y en el resto del termino se soltaba la “rastrojera” o “las sueltas” a donde se llevaban las vacas por la tarde a pastar en las praderas y rastrojos y se recogían a la mañana siguiente para volver a trillar.

Quién se acuerda ya de aquello que era el Palancar y la Mata cuando ahora vemos muchos días y particularmente los fines de semana tantas personas por el camino de la lastra con un carrito de la mano a visitar estos lugares, estas señoras y señores van a jugar al golf ó a la “gurria” pues hace mas de 70 años los pastores de Matabuena ya practicaban su golf particular “gurria” que consistía en meter en un hoyo -solo hacían uno para andar menos- una bola de madera. procedente de las raíces de los acebos de la dehesa y labrada artesanalmente con la navaja valiéndose de un palo con forma de palo de golf sacado también de dichos acebos.

El campo de golf del Palancar tiene un encanto especial, aunque no tenga sistemas de mantenimiento tan sofisticados como la Moraleja, Club de Campo ó Sotogrande, no importa porque nuestro campo de golf no necesita mantenimiento, solo en primavera un par de fines de semana lo hacemos los más asiduos, la alfombra que parecen sus praderas no necesitan maquinas de segar pues nos las mantienen segadas las ovejas que pastan en ellas; a veces tenemos invitados de excepción como son los buitres leonados procedentes de las Hoces de Duraton que atraídos por algún suculento desayuno reposan posteriormente sobres los robles o las piedras existentes en el lugar, tampoco nos falta el arroyo con agua casi hasta el verano y muy pronto con un rustico puente para cruzarlo cómodamente.
Quien iba a pensar que un lugar de tantos sudores pasados fuera a convertirse en un lugar de ocio y disfrute de la más pura naturaleza.

Disfrutemos del presente con alegría aunque veamos el pasado con nostalgia.




Benito Gil García

 

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